Argentina en el 2050: ¿hacia dónde va nuestra educación universitaria?

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Solemos decir que educación es sinónimo de futuro, pero pocas veces nos detenemos a pensar cómo se ve el futuro de la educación. La educación ha sido asociada por décadas con el progreso económico individual y colectivo y esa tendencia seguirá incrementándose en un mundo que vira cada vez más hacia una economía del conocimiento. La adquisición de capital humano es cada vez más importante para que los trabajadores sean competitivos a nivel individual y los países a nivel internacional, con algunas estimaciones mostrando que el valor económico del capital humano mundial ya es al menos cuatro veces mayor al del capital físico. En otras palabras, invertir en educación no solo es alabable per se, porque nos permite explorar y explotar las múltiples potencialidades que tenemos como humanos, sino que también es conveniente desde el punto de vista del desarrollo económico.

En Argentina, solemos destacar que nuestro diseño institucional provee un gran acceso a la educación para todos, incluyendo a la educación superior o universitaria. Sin embargo, si observamos las tendencias a futuro, hay motivos para preocuparnos, en especial en lo que respecta a nuestra situación en comparación con otros países.

¿En dónde estamos parados?

El principal objetivo de este artículo es analizar algunas tendencias en nuestros resultados educativos mirando a la Argentina del 2050. Pero, primero, conviene brevemente analizar dónde estamos parados.

Solo un 18% de la población argentina de entre 25 y 34 años tiene estudios terciarios completos. El valor es similar al de Brasil (17%) pero mucho más bajo que el de países como Colombia (28%), Chile (30%) y los países europeos. Este valor incluye tanto terciarios cortos como licenciaturas, títulos de grado y aquellos que tienen posgrados como maestrías y doctorados[1].

Argentina tiene un gran acceso a la educación universitaria. En 2018, la tasa de estudiantes por cada 10.000 habitantes era de 465,5. Mucho más alta que las de Chile (362) y Brasil (403). La gratuidad y el acceso irrestricto proveen grandes oportunidades. De hecho, la tasa de matriculación neta en Argentina es relativamente alta cuando se compara con otros países de la región.

Sin embargo, esto no se refleja en la cantidad de graduados. En Argentina, en 2018 se graduaron 29,8 personas cada 10.000 habitantes. En Chile, fueron 49 y, en Brasil, 60. La tasa de graduados sobre ingresantes también es mucho más baja que la de los países vecinos. En 2019, en Argentina se graduaron 31 personas por cada 100 ingresantes en 2012. El valor para Chile fue de 58 y para Brasil de 46. Por otro lado, en Argentina solo un 31% de los estudiantes se gradúan en el tiempo preestablecido. En los países de la OCDE este valor tiende a ser mucho más alto. En Chile, es del 59%.

Otro de los grandes problemas en relación con nuestra educación superior es el alto grado de desigualdad. Mientras que el quintil más rico de la población muestra una tasa de matriculación en educación superior mayor al 70%, el valor es menor al 25% para el quintil más pobre. Las diferencias serían aún más pronunciadas si pudiéramos ver los datos de graduaciones.

Así, la gratuidad y el acceso irrestricto no parecen ser suficientes para que los sectores de menores ingresos accedan a la educación universitaria, y menos aún para que se gradúen. Factores como las desigualdades de origen y las grandes diferencias en la calidad de la educación secundaria son determinantes.

¿Hacia dónde vamos?

Uno de los factores que será determinante para entender la posición de nuestro país en el escenario mundial dentro de 30 años es la cantidad y calidad de nuestro capital humano. Pero para entender cómo serán los resultados educativos en el futuro no podemos simplemente extrapolar las tendencias actuales.

Esto se debe principalmente a que la evolución de la población de un país está íntimamente ligada a los niveles de acceso a la educación. Existe una amplia literatura que muestra que los países en los que existe mayor acceso a la educación por más años -especialmente para las mujeres– tienden a tener tasas de natalidad mucho más bajas. Esto también ocurre al interior de los países: aquellos grupos que acceden a menor educación tienden a tener familias más numerosas. Para tener en cuenta estas intrincadas dinámicas vamos a usar los datos del International Institute for Applied Systems Analysis (IIASA)[2], una organización altamente respetada basada en Viena que, entre otras cosas, realiza proyecciones de población que, a diferencia de las proyecciones de las Naciones Unidas, toman en cuenta los niveles de educación de la población.

Si tomamos las proyecciones del IIASA, vemos que, si se mantienen las tendencias actuales, en 2050 solo el 24% de la población mayor de 15 años de Argentina tendrá estudios terciarios[3]. El 58% tendrá estudios secundarios, el 18% tendrá estudios primarios y casi nadie no habrá accedido a ningún nivel de educación.

Esto ubicará a la Argentina solo por delante de unos pocos países en la región, tales como Haití, Uruguay, Honduras, Cuba y Brasil. Por su parte, Chile tendrá un desempeño tal que lo pondrá casi al tope de la lista, con más del 40% de su población con estudios terciarios y por encima de los Estados Unidos. Otros países como Bolivia, Ecuador, Colombia y Paraguay tendrán un porcentaje de su población con estudios terciarios mucho mayor al de Argentina.

Cuando observamos la evolución de la pirámide poblacional argentina desagregada por niveles de educación y sexo, notamos que el crecimiento en el porcentaje de la población con estudios terciarios no solo será lento, también estará concentrado en las mujeres.

Así, si vemos la evolución de los niveles de educación de nuestra población podemos esperar un sostenido incremento de aquellos que tendrán acceso a la educación terciaria. Sin embargo, la tasa de crecimiento será bastante lenta y posicionará a muchos países de la región por encima nuestro. En un mundo que tiende a valorar cada vez más la educación superior, los riesgos son evidentes.[4]

¿Hacia dónde podemos ir?

Pero lo bueno de las proyecciones es que pueden cambiar totalmente si cambiamos los factores que las determinan. Las políticas públicas tienen el poder de cambiar la trayectoria de nuestro país de manera rotunda. La experiencia de otros países nos muestra que incrementar el acceso a la educación superior es posible. Hay países que han sido muy exitosos en incrementar el porcentaje de graduados de nivel terciario. Por ejemplo, Corea del Sur tenía en 1970 la misma proporción de graduados que Argentina. Hoy tiene 10 veces más.

¿Qué ocurriría con estas proyecciones si Argentina pudiera seguir el camino de Corea del Sur o el de otros países con trayectorias similares, como Singapur? Los resultados serían completamente distintos: en ese caso, en 2050, el 35% de los mayores de 15 años tendrían educación terciaria, el 47% tendría educación secundaria y el 18% educación primaria.

En otras palabras, una masiva cantidad de personas que con las tendencias actuales solo alcanzarían un nivel de educación secundaria, podrían acceder a estudios terciarios y superiores si cambiamos radicalmente la trayectoria de nuestro país. Esto pondría a la Argentina casi al tope del listado regional y a niveles similares a los de Estados Unidos. A nivel global, el país escalaría múltiples posiciones

La pirámide poblacional, por su parte, también se vería completamente distinta, reflejando una sociedad con muchas más capacidades para aprovechar las oportunidades de una economía cada vez más dependiente del conocimiento. Por supuesto, seguir el ritmo de países como Corea del Sur o Singapur es probablemente irreal, pero las ilustraciones nos muestran que, sin acelerar el ritmo al que las personas acceden y finalizan sus carreras terciarias, las ventajas comparativas en términos de capital humano serán cada vez menores para nuestro país.

El momento clave es ahora

Quienes nazcan hoy tendrán la posibilidad de comenzar sus estudios universitarios en 2039. Para aquellos que nazcan en familias de ingresos relativamente altos, comenzar la universidad será una posibilidad bastante certera, pero graduarse no será para nada fácil. Para aquellos de familias de ingresos bajos, comenzar la universidad será bastante improbable y graduarse, aún más. Con esta tendencia, Argentina va en camino a convertirse en un país con uno de los porcentajes más bajos de personas con estudios terciarios de la región.

Esta situación se produce en un momento clave, en el que el capital humano es cada vez más relevante para el progreso económico de los países, así como también para reducir las desigualdades existentes. Ante esta coyuntura crítica, quizá sea momento de preguntarnos qué reformas son necesarias para asegurar un acceso mucho más equitativo a la educación terciaria y superior y para garantizar que aquellos que acceden al sistema tengan la posibilidad de graduarse.

En este artículo hemos tratado de retratar dos Argentinas bien distintas. La primera, siguiendo las tendencias actuales, parece ser una Argentina sin una gran ventaja comparativa en términos de capital humano. La segunda puede transformarse en la usina del desarrollo regional gracias a una población capacitada. Cuál será la que se materialice dentro de 30 años dependerá en gran parte de las decisiones que tomemos hoy.


[1] Para más detalles y fuentes, ver la página 55 de este informe de la OCDE.[2] Para un detalle de la metodología usada por IIASA, ver este link.[3] Con fines expositivos, este artículo utiliza el término “terciario” de manera laxa. Más específicamente, las proyecciones de IIASA incluye educación terciaria y licenciaturas (más específicamente, ISCED_5 e ISCED_6 de la International Standard Classification of Education. [4] Por supuesto, también es necesario comparar la calidad de la educación terciaria, no solo los niveles de acceso. Desafortunadamente, comparar la calidad de la educación luego del nivel secundario es por ahora difícil, en parte debido a la inexistencia de estándares internacionales. Casi cualquier ranking disponible incluye altos niveles de discreción en la selección de las variables que definen a la calidad.


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Martín De Simone

Martín (@desimonemartin) es Magister en Políticas Públicas por la Universidad Princeton -donde también obtuvo una especialización en desarrollo internacional- y politólogo por la Universidad de San Andrés. Martín trabajó para múltiples gobiernos, organizaciones de la sociedad civil y think tanks en América Latina, Estados Unidos y Europa, en la intersección entre violencia y desarrollo humano, así como en reformas institucionales. Actualmente, se desempeña como Especialista en Educación del Banco Mundial. Sus artículos reflejan únicamente su opinión, y no la de las organizaciones a las que pertenece. Martín es también el Director de Abro Hilo.

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