Argentina frente a la crisis de Ucrania: razones detrás del aumento de las tensiones, consecuencias y posiciones internacionales

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En las últimas 48 horas, las tensiones en Ucrania han escalado a un nuevo nivel ante el ingreso de tropas militares rusas a las regiones separatistas pro-rusas de Donetsk y Lugansk, emplazadas en la región de Donbás, del este del país.

Lo que sucede en Europa pudiese parecer algo lejano para la Argentina, en momentos en que las prioridades del país están, lógicamente, en la recuperación económica.

Sin embargo, deben atenderse los  efectos sobre la economía global -inclusive sobre las economías sudamericanas- que podrían derivarse de las sanciones y represalias que se hagan efectivas sobre la Federación Rusa, así como de una eventual guerra abierta entre potencias en el continente europeo. Ilustrativamente, en estos primeros días de avance militar ruso en Donbás se incrementó el precio del maíz y los futuros del trigo ante una posible interrupción del comercio en el Mar Negro.

Más aún, como nación que ha hecho de la defensa y protección de los Derechos Humanos una bandera de Estado desde el retorno a la democracia y en momentos en que preside por primera vez el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, la Argentina tiene la oportunidad -desde su lugar y siempre a partir de una articulación con el resto de los países de la región- de aprovechar la posición que la comunidad internacional le ha otorgado abogando por evitar todo riesgo a la violación del respeto a los derechos fundamentales y al derecho internacional humanitario, sobre la base de un compromiso con los principios de soberanía e integridad territorial, con el cumplimiento de los acuerdos existentes entre las partes implicadas en el conflicto y el principio de proscripción de la amenaza y/o uso de la fuerza en las relaciones internacionales, emanado de la Carta de la ONU.

Todos estos factores nos llaman, desde la Argentina, a preocuparnos por comprender mejor la crisis de Ucrania y, particularmente, los factores económicos, energéticos, geopolíticos y domésticos que están detrás de las posiciones de los principales países implicados y/o afectados por la situación; posiciones que deben ser tenidas en cuenta por los países sudamericanos como la Argentina a la hora de definir su propia posición.

DESMENUZANDO LA CRISIS DE UCRANIA

La intervención de Donetsk y Lugansk se da luego de que Rusia reconociera a estos territorios –de facto ya parcialmente controlados por los rebeldes– como “repúblicas independientes” y enviado a sus tropas a solicitud de sus gobiernos (no reconocidos por la comunidad internacional). La intervención se restringe hasta el momento a estos territorios y no a toda Ucrania. El conflicto entre separatistas y Kiev ya ha tenido 14 mil muertos desde 2014.

Previo a la intervención, ya se venía registrando en las últimas semanas un aumento de las tensiones relacionado con los siguientes factores: la posibilidad de que Ucrania ingresara a la OTAN, la ampliación del número de tropas rusas desplegadas en países vecinos a Ucrania y áreas del país anexadas a Rusia en 2014 (Crimea y Sebastopol) y la falta de resultados concretos visibles hasta el momento de las negociaciones efectuadas al más alto nivel con Putin.

 

Antecedentes y toma de decisiones en Rusia 

Rusia realizó varias intervenciones militares en ex repúblicas soviéticas que considera aún parte de su “esfera de influencia”. Siendo la más destacada la anexión de Crimea, también puede mencionarse el despliegue de tropas en Georgia y Moldavia en los últimos años.

En conexión con estos hechos, el mismo Putin ha escrito en julio pasado un artículo sobre la “histórica unidad de rusos y ucranianos” donde se describe a la independencia de Ucrania como una verdadera aberración. Esta posición nacionalista no es compartida en general por la élite económica y social rusa, cuyos miembros suelen –como se infiere de una reciente investigación de The Economist– tener un gran vínculo con Europa y Occidente. Sin embargo, sí es mayoritaria entre el círculo que rodea a Putin (los llamados “siloviki”, ex KGB), liderados por el influyente Presidente del NSC ruso (Nikolái Pátrushev), quienes han tenido en los últimos años una influencia que aumenta, en un país que no se caracteriza por instituciones democráticas sólidas.

Consecuencias 

Un conflicto militar abierto entre potencias afectaría sobremanera a la ya debilitada economía rusa y conllevaría implicancias importantes para la economía global y, principalmente, europea. Una consecuencia particularmente preocupante para Europa está vinculada a la dependencia energética que presentan varios países del continente, incluido Alemania, del petróleo y/o –sobre todo– del gas ruso.

Negociaciones vs disuasión 

Ambas partes tienen así importantes incentivos para evitar el conflicto militar. Pero ello no significa necesariamente que vayan a dejar de lado reivindicaciones que consideran esenciales para su seguridad. Rusia concibe como una amenaza absolutamente inaceptable el ingreso de Ucrania a la OTAN, mientras que el bloque defiende a rajatabla su “política de puertas abiertas” y exige a Moscú la inmediata “marcha atrás de (su) carrera armamentística” en la región.

Hasta el momento, ni la OTAN ni Ucrania –salvo comentarios puntuales de diplomáticos ucranianos que luego se desdijeron– parecieran estar dispuestas a comprometerse al no ingreso de este país a la alianza de defensa colectiva. Por su parte, los miembros de la OTAN venían negando que Rusia haya efectuado realmente una retirada significativa de tropas en los últimos días como señalaba el Kremlin.

En la última semana, altos funcionarios de los miembros del bloque, como el Canciller de Francia, exigían: una retirada verificable de las tropas rusas de las fronteras ucranianas, un retorno a los Acuerdos de Minsk que resuelva de fondo el aún vigente conflicto entre Kiev y los separatistas de Donbás y conversaciones con Rusia para reconfigurar el altamente dañado esquema de seguridad europeo, cuyo origen se remonta a aún antes del fin de la Guerra Fría –con la creación de la Organización para la Cooperación y Seguridad en Europa (OSCE).

Las tensiones se mantienen, de esta forma, vigentes, reforzadas por una retórica de hostilidad general, y se han profundizado con la intervención rusa en Donbás. Asimismo, tras los acontecimientos de estas últimas horas, la OTAN y la UE han reforzado su estrategia basada en la disuasión y comenzado a delinear o implementar según el caso acciones de condena y castigo, en un intento por mostrar al Kremlin que el precio de efectuar una intervención completa de Ucrania es demasiado alto para su país.

En un comunicado conjunto, los presidentes de la Comisión y del Consejo Europeo, han indicado que preparan sanciones contra bancos rusos que están “financiando las operaciones militares y de otro tipo”. En este marco, tras los decretos de Putin el 21/02, el Consejo Europeo impuso sanciones sobre 5 personas rusas que son actualmente miembros de la Duma y que fueron elegidos para representar la ilegalmente anexada península de Crimea y la ciudad de Sebastopol en septiembre de 2021. 

También se impondrán fuertes trabas al comercio de las regiones rebeldes y la UE. Incluso Alemania, dejando de lado sus necesidades energéticas, ha frenado el proceso de licenciamiento del gasoducto Nord Stream II proveniente de Rusia, necesario para que pueda entrar en funcionamiento.

Esto no quita que los recientes encuentros de Macron y Scholz –por separado– con Putin también demuestran que los canales de negociación continúan abiertos. Estos encuentros suponen una continuación de la intensa reunión que hubo a fines de enero entre París, Berlín, Kiev y Moscú, donde las partes se habían comprometido a proseguir las negociaciones y a mantener el cese de fuego.

Fuente: Oil and Gas Pipelines, Virginia W. Mason, National Geographic.

Diferencias frente a Rusia: dependencia energética, geopolítica y factores domésticos

Como se consigna debajo, se registran diferencias entre los países, incluso entre los miembros de la OTAN y la UE, respecto a la crisis. Aun así, los miembros de la UE coinciden en evitar dos posibles resultados que consideran altamente adversos: una guerra abierta, una especie de nuevo acuerdo de Yalta en el que Rusia y EEUU lleguen a un nuevo arreglo para Europa sin siquiera consultar a los europeos. Procuran asimismo preservar la credibilidad de la OTAN y evitar que Ucrania vuelva al yugo ruso.

Ante el aumento del despliegue de tropas de Rusia y su intervención en Donbás, tras vacilaciones iniciales y/o silencio, Alemania ha dado señales de que está dispuesta a poner amplias sanciones sobre la mesa en caso de ser necesario e, incluso, el PM de Hungría, Viktor Orbán, –que el 2 de febrero pasado se reunió con Putin en Moscú exhibiendo su amistad– se abstuvo a la posición general de la UE sobre la crisis, según consignan diplomáticos de la UE.

  • Alemania, Italia, Rumania, Hungría, Austria, Grecia: los vínculos económicos y –centralmente– energéticos que estos países mantienen con Rusia los vuelven altamente interesados en intentar sostener una relación cordial con Rusia. Hungría, por ejemplo, tiene firmado un contrato con Gazprom hasta 2036 para recibir gas ruso a un precio altamente competitivo a través de Austria y Serbia. Alemania: su solidaridad con los países de Europa del este y central –fundamental para evitar acrecentar la fragmentación de la UE– y su defensa de valores occidentales se encuentran en entredicho con su tradición pacifista de posguerra. Esto llevó en los últimos meses a Scholz a asegurar a sus socios de la OTAN que en caso de conflicto bélico será un aliado de confianza al tiempo que también aseguraba que Alemania evitará tomar un papel de liderazgo cualquiera sea la respuesta.
  • Francia: su mayor soberanía energética le brinda mayor flexibilidad de acción. Macron ha tomado un papel de liderazgo en las –hasta ahora infructuosas– negociaciones con el Kremlin. Esta crisis le da una oportunidad para demostrar la “autonomía estratégica” europea frente a EEUU, propugnada por el mandatario desde el comienzo de su mandato, al tiempo que podría reforzar su imagen de cara a las próximas elecciones francesas.
  • Reino Unido: la crisis ayuda a Johnson a desviar la atención de cuestiones domésticas (escándalo de celebraciones en Downing Street durante el aislamiento), a la vez que le ofrece una oportunidad para demostrar que el RU post-Brexit aún sigue teniendo peso en la determinación del presente y futuro de Europa.
  • Estados Unidos: no se vería directamente perjudicado por las consecuencias inmediatas que tendría una guerra para Europa (ej: refugiados). Sin embargo, una invasión militar rusa en la totalidad de Ucrania desviaría recursos y atención estadounidenses hoy concentrados en el mayor involucramiento de China en la región Asia-Pacífico.
  • China: en términos estrictamente geopolíticos, el conflicto beneficiaría a China por lo anterior. Sin embargo, una guerra abierta tendría importantes consecuencias económicas para el mundo, China incluida.
  • Estonia, Letonia, Polonia y otros: la intervención rusa de Ucrania se ve como altamente inaceptable; temor de que a largo plazo Rusia proceda de manera similar interviniendo en sus territorios.

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Eliel Schvartz

Eliel es maestrando en Ciencia Política (IDAES-UNSAM). Becario Fulbright (UMass-Amherst). Licenciado en Estudios Internacionales (UTDT) con estudios de posgrado en Inteligencia Estratégica (UCA). Es Profesor Adjunto (UNLP – Especialización en Seguridad Ciudadana), Coordinador Docente (UB) y Profesor Asistente (UBA) en cursos de grado y posgrado sobre relaciones internacionales y seguridad internacional. Focalizado actualmente en temáticas que incluyen la actualidad política y económica de los Estados Unidos y Brasil, la seguridad sudamericana y Medio Oriente.

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