El futuro de la movilidad: ¿Cómo vamos?

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Buscar estrategias de rutas y horarios para no quedar atascado en el tránsito porteño. Llegar tarde a reuniones por demoras imprevistas en el camino. Perder incontable cantidad de tiempo buscando un lugar para estacionar o tener que pagar precios elevados en un estacionamiento. Tener que pagar a fin de mes el valor del seguro, de la cochera, de las patentes, de mantenimiento del auto, del lavado y de quién sabe cuántas cosas más. Incluso haber optado por el subte o el colectivo y dejar el auto “tirado” toda la semana y sólo usarlo el fin de semana. ¿Suena familiar, te fastidia tanto como a mí? Algo tiene que cambiar.

La evidencia muestra que los consumidores están cambiando globalmente y, en un mundo donde la globalización es la premisa, el consumidor argentino también sigue los nuevos patrones. Hoy, los conceptos de economía colaborativa, consumo “on-demand” (cuándo, dónde y por el tiempo que quiera), consumo por vía digital y la compra de la experiencia más que del producto, están marcando la relación entre los servicios y los clientes. Pensemos en la televisión siendo lentamente desplazada por el streaming (Netflix), los discos por listas comunitarias de streaming de audio (Spotify), el hotel por nuevas formas de alojamiento (Airbnb), entre tantos otros ejemplos que surgen. No sólo eso, sino que también podemos calificar todo lo que vemos para customizar la experiencia, y así  ayudar a otros usuarios a que mejoren la propia.

Una primera pregunta que aparece en el horizonte es cómo este nuevo consumidor elegirá transportarse o moverse (como indica el título, en este artículo nos concentraremos sobre todo en los autos). Las primeras respuestas parecieran estar a la vista: Consumo “on demand”, es decir, consumo de bienes sólo por el tiempo que se necesitan, con economías colaborativas (calificación de  conductores, o compartir el viaje con otra persona),  digitalmente (a través del  celular) y comprar la experiencia (para viajar cómodo).

En un contexto donde se estima que el auto se utiliza entre un 5% y 10% del tiempo (el resto del tiempo estamos trabajando, durmiendo o en nuestras casas), pareciera que compartir el auto, usar el auto de otro, o pagar solamente por algunos viajes sería una herramienta mucho más eficiente. No es extraño escuchar que hoy haya jóvenes (18-25) que no tengan registro, que nos les interese, y que aún menos les importe comprarse un auto. Esto contrasta con generaciones anteriores, donde el día que se cumplían los 17/18 años salían corriendo a sacar el registro, y el primer gran logro era comprarse su primer 0km.

Ahora bien. Cambio el consumidor, ¿qué está haciendo la oferta? Como es de esperar, la oferta comenzó a moverse para acomodar las nuevas necesidades, y lo está haciendo de formas muy variadas. Dicho sea de paso, se abre un negocio de altísima rentabilidad en la medida que las nuevas empresas facilitan transacciones, pero no requieren de infraestructura significativa. Por el momento, las formas más comunes (algunas de ellas aún no desembarcadas con fuerza en Argentina) son:

  • “Car-sharing”: Como su nombre en inglés lo indica, se trata de compartir el auto. En general tiene dos grandes vertientes: Por un lado, a través de autos estacionados en la calle, que se alquilan por tiempo limitado y luego se dejan estacionados (algo parecido a las bicicletas en la Ciudad de Buenos Aires). Una segunda posibilidad es que uno alquile su auto en tiempos muertos: Dejo mi auto en el aeropuerto de Ezeiza por 15 días, alguien lo usa mientras tanto, y, cuando vuelvo, no sólo que no debo pagar estacionamiento, sino que me depositaron plata y me lo dejaron limpio.  Algunas de las empresas que están haciendo punta en este sentido son Car2Go, ZipCar o Free2Move.
  • “Car-pooling”: Esto se trata de sumar gente a mi viaje que haga rutas similares. Todos los días viajo de Nuñez a Puerto Madero, cargo la ruta, y alguien que viaja de Palermo a Microcentro podría venir conmigo y pagarme un precio bajo por compartir ese viaje. En Argentina ya se encuentra operativo Carpoolea (aunque se usa principalemente para viajes de media y larga distancia)
  • “Ride-hailing”: Consiste en alquilar viajes. Esta quizás sea la modalidad más estándar y las más conocidas sean Uber (aún ilegal en Argentina), Cabify o Easy Taxi.  Los conductores específicamente hacen transporte de personas.
  • Servicios de flota: Existen servicios donde se paga un valor mensual de un auto y durante la semana puede utilizarse un auto pequeño (fácil para moverse en la ciudad), el fin de semana se cambia por algo más elegante (si uno quiereo ir a comer con un cliente) o por una SUV si se quiere viajar el fin de semana en la ruta. Esto asegura cubrir una necesidad para cada momento y requerir de menor infraestructura (pagar mantenimiento, seguros, otros).

Es cierto, uno puede  ver las opciones y pensar: “Esto en la Argentina nunca puede pasar”. Y, en general, uno tiende a pensar en la inseguridad como uno de los drivers que más pueden restringir la propagación de estos servicios (reticencia a subirse al auto de un desconocido o el  peligro de que un auto compartido sea robado). Y, la verdad, es que eso puede demorar la llegada o la profundidad del servicio, pero no tengan dudas que esto en Argentina va a existir mucho antes de lo que nos imaginamos.

Saliendo de la visión del consumidor y de la oferta, uno de los aspectos que emerge es que hay una oportunidad tangible para convertir a la movilidad en algo accesible, seguro y rápido. Para ello, empresas, consumidores y Estado deberán ponerse de acuerdo en ciertos conceptos, tales como saber quién y cómo se presta el servicio, de modo de asegurar que todas las condiciones estén dadas.

El escenario es disruptivo y desafiante, y la pregunta de cómo consumimos tendrá profundos impactos en toda la cadena de valor (el retail, o concesionaria, el que fabrica el auto, el que le provee los insumos). Pensar que seremos emisores de información en tiempo real de nuestra movilidad y del uso de nuestros autos o de otros abre un sinfín de oportunidades y amenazas para quienes hoy están jugando este juego. Aún más, cuando la información y el servicio son la herramienta de diferenciación, y no así el auto, las empresas tecnológicas se ven tentadas a ingresar al mercado (Uber y Google fabricando autos).

Sólo para recapitular y dejarles la misma inquietud que yo tengo, y que posiblemente toda la industria tenga: ¿Es posible que haya menos autos pero que tengan una utilización más intensa?. Cuál de los dos factores triunfará, y aún más, que pasará con las ventas de autos y con el tránsito son cuestiones a resolver.

Finalmente, no quiero dejar de mencionar que existen nuevos y variados desafíos en el sector, desde un punto de vista industrial y desde el punto de vista comercial y de la tecnología. Las nuevas motorizaciones, híbridas o eléctricas, los componentes de seguridad y la posibilidad que abre la automatización son temas que circundan la agenda, y que serán objeto de discusión en un futuro.


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Alejo Vidal

Alejo Vidal es economista por la Universidad Torcuato Di Tella y Magister en Economía por la Universidad de San Andrés.

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