Estrategias para escapar a la Era de las Pandemias

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Entre las muchas cosas que la pandemia nos reveló está nuestra poca capacidad de aprendizaje, o en otras palabras, la poca voluntad de cambiar nuestros hábitos cuando esto nos saca de nuestra zona de confort y nos implica un esfuerzo personal. Hace más de 35 años la OMS (Organización Mundial de la Salud) acuñó el término One Health, o “Una Salud” en castellano, para resaltar la relación íntima entre la salud humana y la salud de los ecosistemas. Uno de los temas centrales a abordar desde esta iniciativa es la prevención de las enfermedades transmitidas por animales. Recién en 2008 el concepto fue aceptado globalmente por la OMS, FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) y OIE (Organización Mundial de Sanidad Animal) planteando la necesidad del abordaje de los problemas sanitarios desde la interfaz hombre-animal-ambiente. Pero esta relación entre salud humana y ambiental siguió sin ser considerada al momento de la toma de decisiones en materia ambiental o de salud. Tampoco siquiera prestamos la debida atención al término “Una Salud” cuando se encendieron señales de alarma con la aparición de otras enfermedades emergentes como el Ébola, el Zika, la infección por el virus Nipah o SARS.

¿Qué tienen en común estas enfermedades? Que son enfermedades zoonóticas, es decir, que son transmitidas por los animales al ser humano produciendo enfermedades en muchas ocasiones graves. Y aún existen potenciales enfermedades zoonóticas que podrían ocurrir, dado que se estima que existen 1.7 millones de virus no descubiertos en hospedadores mamíferos y aves, de los cuales entre 631.000 y 827.000 tendrían el potencial de infectar y producir enfermedad en humanos. Sin embargo, la solución no es salir a extinguir a todas las especies que podrían transmitirnos una enfermedad. Para encontrar la solución hay que entender la causa del problema.

Nosotros mismos como causa de todos nuestros males

La causa de las pandemias no es la presencia de microbios en la vida silvestre per se. Siempre hubo y seguirá habiendo gran cantidad de microbios en vida silvestre que no generan pandemias ni se convertirán nunca en una. ¿Por qué? Porque el origen principal de las pandemias es la acción humana irresponsable sobre los ecosistemas. El aumento de los impactos antrópicos sobre la biodiversidad y la mayor tasa de contacto humano-vida silvestre aumenta la tasa de emergencia de patógenos, de epidemias y de pandemias. Esto, sumado al alto transporte de personas y mercancías alrededor del planeta, lleva a la rápida dispersión de la enfermedad y a la emergencia de pandemias. Pero es fundamental no tener miedo ni entrar en pánico. Este contacto hombre-naturaleza que genera enfermedades emergentes y potenciales pandemias puede ser evitado.

Esto no implica que debamos encerrarnos en ciudades y dejar de disfrutar de los beneficios que nos aporta una biodiversidad saludable. Al contrario, el contacto con la naturaleza mejora nuestra salud (entendiendo salud como estado de bienestar bio-psico-social). Lamentablemente, vivir en ciudades ha provocado la pérdida de conexión humano-naturaleza; una pérdida de conocimiento de lo fundamental que es la naturaleza para nuestra vida, aunque vivamos en una gran urbe. Pero debemos conocer y hacernos responsables de los impactos que tienen nuestras decisiones de consumo que tomamos en el confort de la ciudad. Estas decisiones afectan a la biodiversidad distante, aunque no los veamos. Porque la comodidad de comprar la comida en el supermercado, abrir la canilla y que salga el agua y que el basurero se lleve nuestros residuos no quiere decir que el alimento que comemos, el agua que tomamos y los residuos que generamos no provoquen impactos negativos sobre el ambiente. Pero el desacople entre el lugar donde consumimos y generamos basura del lugar donde se producen sus impactos negativos los invisibiliza. Este desacople genera que nos sea más fácil responsabilizar de los impactos a otros, al productor      o al gobierno, que a nuestros propios patrones de consumo. Entonces es fundamental recuperar el conocimiento ambiental perdido y desarrollar una conciencia ambiental ciudadana. Lograr generar una vida ambientalmente responsable. Por eso es importante la Ley de Educación Ambiental que se está tratando en el Congreso, para cubrir ese bache de conocimiento que perdimos por la desconexión que tenemos con la naturaleza. 

La educación y la prevención, de hecho, resultan estrategias más económicas que sufrir las crisis provocadas por las pandemias. Como dice el dicho popular, es mejor prevenir que curar, y vaya si lo hemos vivido en carne propia en este último tiempo. Además de las muertes y el sufrimiento humano que se podría haber prevenido, las pérdidas económicas son otro de los impactos que más preocupan. Hablemos entonces de economía. 

En el último reporte de urgencia que un panel de expertos de IPBES (Intergubernamental Platform on Biodiversity and Ecosytem Services) generó sobre las pandemias, se enfatiza que es necesario “Garantizar que el costo económico de las pandemias se tenga en cuenta en el consumo, la producción y las políticas y estrategias gubernamentales“. Si bien esto parece un costo elevado, las pandemias y otras enfermedades zoonóticas emergentes pueden generar daños económicos de más de un billón de dólares a nivel mundial. Por el contrario, las estrategias de prevención tendientes a reducir el tráfico de fauna            los impactos generados por el cambio de uso del suelo o a aumentar la inversión en la estrategia Una Salud,     tienen un costo mucho menor, estimado entre 22 y 31.2 mil millones. Los costos se reducen aún más si se incluyen los beneficios asociados al secuestro de carbono por reducción de la deforestación. 

Sorprendentemente, el aumento de los problemas económicos asociados a los impactos antrópicos en el ambiente se ha comenzado a reflejar en los informes del Foro Económico Mundial. El informe de riesgos 2021 muestra que los riesgos más probables de los próximos diez años incluyen los eventos climáticos extremos, la falta de acción para revertir la crisis climática y los daños antrópicos sobre el ambiente. Sin embargo, si bien el daño ambiental de origen antrópico es solo una de las diversas amenazas más inminentes (a 2 años), en el escenario a 5 -10 años las amenazas asociadas a los riesgos ambientales como la pérdida de biodiversidad, la crisis de los bienes naturales y la falla de acción climática son las que predominan. Es por esto que quienes avocan por una economía ecológica están promoviendo el desacople urgente de la producción de bienes y servicios de los impactos ambientales.

El informe IPBES también recomienda algunas acciones políticas necesarias para reducir el riesgo de nuevas pandemias que pueden resumirse en:

  • Modificar los patrones de consumo, la expansión agrícola globalizada y el comercio que han dado lugar a pandemias. Para lograrlo, se podría incluir impuestos o gravámenes sobre actividades de alto riesgo pandémico. Resulta fundamental reformar      los incentivos financieros para evitar cambios en el uso del suelo que aumenten los riesgos para la biodiversidad y la salud.
  • Evaluar el impacto de los cambios en el uso del suelo como generadores de pandemias y enfermedades emergentes que afectan la salud. Es fundamental mejorar nuestro entendimiento de la relación entre la degradación y restauración de ecosistemas, la estructura del paisaje y el riesgo de aparición de enfermedades evaluando la importancia relativa del comercio ilegal y legal de vida silvestre respecto al riesgo de enfermedades. 
  • Institucionalizar el enfoque “Una Sola Salud” en cada país. Este enfoque debería fomentar planes de preparación para enfrentar pandemias, programas de prevención e investigación y control de los brotes. 
  • Avanzar en la política “salud y comercio” de modo de reducir los riesgos de enfermedades zoonóticas en el comercio internacional de vida silvestre, mejorando la aplicación de las leyes y mejorando la educación comunitaria sobre los riesgos para la salud que el comercio de vida silvestre representa. 
  • Crear un consejo intergubernamental sobre prevención de pandemias que asesore a los tomadores de decisiones acerca de la evidencia científica existente sobre enfermedades emergentes. Por ejemplo, informando sobre cuáles son las áreas de alto riesgo, impacto económico de potenciales pandemias, vacíos de investigación o diseño de un marco global de monitoreo. 
  • Establecimiento de un acuerdo internacional y de metas por país que beneficien a las personas, los animales y el ambiente. 
  • Valorar la participación y el conocimiento de los pueblos indígenas y las comunidades locales en los programas de prevención de pandemias, para lograr una mayor seguridad alimentaria y reducir el consumo de especies silvestres. 

Nos olvidamos muy rápido de aquella idea positiva que se viralizó al comienzo de la pandemia, cuando pensábamos que de esta situación volveríamos mejores (o Build Back Better en inglés). Pero pasó un año y la mejor opción para prevenir nuevas pandemias sigue siendo la misma: las soluciones están en la naturaleza y viviendo en armonía con ella. Volver a la naturaleza en este contexto se plantea como opuesto a seguir pensando que tenemos el dominio y qué nuestros desarrollos tecnológicos podrán aportar las soluciones. El tiempo que llevó desarrollar una vacuna para frenar la pandemia actual alcanza como ejemplo. Entonces, la única manera de escapar a una “Era de las Pandemias” es la prevención y la inversión en economías verdes amigables con el ambiente, no sólo para mejorar la salud del ambiente, sino también para reducir el número de muertes evitables y las pérdidas económicas que conllevan estas crisis. Y si esto parece un costo económico muy alto de pagar, recuerden el costo que está generando la pandemia de COVID-19.


Referencias

-Agustín Arroyo. https://youtu.be/0Ns8MWcW9pQ

-Lee K, Brumme ZL. 2013. Operationalizing the One Health approach: the global governance challenges. Health Policy Plan 28:778-785. 

-IPBES. 2020. Workshop Report on Biodiversity and Pandemics of the Intergovernmental Platform on Biodiversity and Ecosystem Services. Daszak, P., das Neves, C., Amuasi, J., Hayman, D., Kuiken, T., Roche, B., Zambrana-Torrelio, C., Buss, P., Dundarova, H., Feferholtz, Y., Foldvari, G., Igbinosa, E., Junglen, S., Liu, Q., Suzan, G., Uhart, M., Wannous, C., Woolaston, K., Mosig Reidl, P., O’Brien, K., Pascual, U., Stoett, P., Li, H., Ngo, H. T., IPBES secretariat, Bonn, Germany, DOI:10.5281/zenodo.4147317 https://ipbes.net/pandemics

-World Economic Forum. 2021. The Global Risks Report 2021, 16th Edition. https://es.weforum.org/reports/the-global-risks-report-2021

-Zuluaga S., Speziale*, K.L., Lambertucci* S.A. 2021. Global aerial conservation post COVID-19 anthropause. Trends in Ecology and Evolution 36:273-277

-Zunino, Pablo. 2018. Historia y perspectivas del enfoque “Una Salud”. Veterinaria (Montev.), vol.54, n.210, pp.46-51. Disponible en: <http://www.scielo.edu.uy/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1688-48092018000200046&lng=es&nrm=iso>. ISSN 0376-4362.


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Karina Speziale

Karina L. Speziale es Doctora en Biología por la Universidad Nacional del Comahue. Se desempeña como Investigadora Adjunta de CONICET del GrInBiC, Grupo de Investigaciones en Biología de la Conservación del INIBIOMA (CONICET-UNCO) en la ciudad de Bariloche. Es docente de la Universidad Nacional del Comahue en materias y cursos de postgrado relacionados a la ecología y conservación de la biodiversidad. Actualmente desarrolla sus investigaciones sobre los efectos del impacto de las actividades antrópicas sobre la biodiversidad, en particular aquellos de los impulsores de cambio global como las especies introducidas invasoras, el cambio en el uso de la tierra el agua y el aire, y la contaminación por plásticos. Participa en diferentes instancias de asesoramiento así como de numerosas actividades educativas formales e informales sobre la importancia de la puesta en valor y protección de nuestra biodiversidad nativa

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