Es hora de priorizar la lectoescritura

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La educación argentina hoy padece una triste realidad: el 54% de los niños no puede leer y entender un texto simple a los 10 años. No alcanzan el estándar internacional de competencia de lectura para esa edad. Sí, en Argentina, el país que supo tener un sistema de educación pública vigoroso y que aún se asocia a la idea de movilidad social, la comprensión lectora se ha transformado en un enorme problema.

Hace unos pocos días, la investigadora Ana Borzone brindó una entrevista en la que explicó que, en nuestro país, muchos chicos terminan la primaria y la secundaria sin saber escribir y comprender textos. Según Borzone, el principal motivo es pedagógico: la aplicación de un método de alfabetización inicial que no es eficaz. Este método apunta a que los chicos aprendan a leer y escribir a través de una inmersión en el medio escrito. Simplemente siendo expuestos a la lectura, van a desarrollar por sí mismos las habilidades para leer y escribir. En cambio, Borzone recomienda poner el foco en la conciencia fonológica.

Primero, me parece importante señalar que más allá de que la investigadora se centra en el rol de la pedagogía, hay muchos otros factores que afectan la capacidad de lectoescritura. Por empezar, la nutrición en los primeros años de vida es esencial para el aprendizaje. El entorno familiar, los niveles de pobreza y otros factores demográficos y socioeconómicos también pueden tener un impacto fuerte en la capacidad de aprender a leer y escribir. Sin embargo, el foco de Borzone en los aspectos pedagógicos es importante porque se trata de un tema que puede abordarse casi por completo dentro del sistema educativo. Un ministro de educación no puede culpar a las condiciones macroeconómicas por la prevalencia de un método de enseñanza que no es eficaz.

Las ciencias del aprendizaje en general y de la lectoescritura en particular son un campo del conocimiento muy específico sobre el cual mi conocimiento es limitado. Sin embargo, si leemos a aquellos que han dedicado décadas a estudiar el tema, hay algunos puntos que son de radical importancia: la cantidad de tiempo que se dedica a enseñar lectoescritura, el contenido de lo que se enseña y la calidad de las prácticas pedagógicas son tres puntos clave.

Sobre el contenido del aprendizaje, la evidencia muestra que los estudiantes necesitan aprender las letras (reconocerlas, saber sus nombres, identificar sus sonidos y poder escribirlas). Además, los estudiantes deben poder desarrollar conciencia fonológica, que puede ser descrita como la capacidad de poder segmentar completamente una palabra. Finalmente, los estudiantes necesitan aprender a decodificar las palabras. En una revisión de más de 70 estudios, la conciencia fonológica temprana se identificó como un predictor clave de la capacidad de leer y escribir hacia el final de la primaria.

Así, la evidencia muestra que Borzone -quien también ha estudiado el tema durante décadas- tiene razón desde el punto de vista técnico. Dominar las correspondencias sonido-letra es un primer paso fundamental para poder leer y escribir palabras, al menos en lenguajes alfabéticos. ¿Pero entonces, de dónde vienen las críticas a la perspectiva de Borzone y por qué no implementamos este método a escala?

Las críticas pueden provenir de varias perspectivas, pero quizá la más difundida y la que más me llama la atención es la presentada en este artículo escrito por Alejandra Pryluka. Resalto aquí un párrafo de su artículo:

[Este enfoque] va convenciendo y haciendo vox populi que les pibes necesitan una enseñanza eficaz, rápida que produzca sujetos alfabetizados, como una máquina perfecta funcional a las políticas neoliberales y al reino de las neurociencias. Una máquina que produzca sujetos que leen y escriben pero que son incapaces de construir sentidos, es decir de hacerlo críticamente.

Mi principal desacuerdo con la autora radica en que, desde mi punto de vista, nada es más liberador y nada tiene más capacidad de construir sujetos críticos que la capacidad de leer y escribir a una edad temprana. Aprender a leer es el primer paso para luego leer para aprender. Los beneficios de la lectura van mucho más allá de lo que suele pensarse. Los estudios disponibles muestran que cuanto más temprano los chicos aprenden a leer y escribir, más van a disfrutar la lectura en su vida y, por lo tanto, más van a poder construir sentido de las múltiples ideas a las que se expongan. Además, la lectura es la puerta de entrada al aprendizaje en casi cualquier otra área.

Las tasas de alfabetización también tienen impactos positivos en la participación política, impactando en las tasas de votación y en otros aspectos de la participación cívica. Quienes aprenden a leer mejor también tienden a estar más informados sobre la realidad política y los candidatos en sistemas democráticos. También se han encontrado claras relaciones entre la capacidad de leer y habilidades como la empatía y otras habilidades socioemocionales. Saber leer y escribir también está asociado con significativas mejoras en la salud. La lectura se asocia con una vida más larga, reduce el deterioro cognitivo y el estrés. De hecho, algunos estudios muestran que más de la mitad de las muertes infantiles evitadas entre 1970 y el 2009 se deben a mejoras educativas. Las madres alfabetizadas tienen más probabilidades de vacunar a sus hijos y brindarles buena atención de salud.

Desde el punto de vista económico, los niveles de alfabetización a los 7 años predicen el nivel de ingresos a los 40, incluso cuando se controla por muchas otras variables de carácter socioeconómico. Poder leer y escribir bien está relacionado con el acceso a mejores trabajos, mayores ingresos familiares y mejores índices de bienestar económico. Algunos estudios incluso muestran que las tasas de alfabetización juegan un rol esencial en el crecimiento económico de las naciones.

En otras palabras, los beneficios de la lectoescritura temprana son de muy largo alcance. Decir que un método que es eficaz en enseñar a leer y escribir es también un método que no ayuda a construir sujetos críticos es una contradicción en sí misma.

En la entrevista de Borzone hay otro punto fundamental. La investigadora sugiere que la responsabilidad primordial de que el método de conciencia fonológica no sea empleado en las aulas no es de los docentes, sino de los responsables políticos. Sobre esto, primero quiero resaltar que los docentes son el factor más importante para mejorar los niveles de aprendizaje. Mucho más que cualquier otra característica de las escuelas y sistemas educativos. Así lo demuestra la evidencia. En el mundo ideal, proveer a los docentes de la libertad necesaria para que implementen las mejores técnicas pedagógicas para mejorar el aprendizaje sería la política adecuada.

Sin embargo, para eso es también necesario asegurar que los docentes tengan las calificaciones adecuadas y el acompañamiento necesario para mejorar sus técnicas pedagógicas y su manejo del aula. Así como un futbolista no puede desempeñarse bien si los entrenamientos no son de calidad -ya sea porque los preparadores físicos no son buenos o porque los materiales de entrenamiento no son los necesarios- los docentes no pueden hacer su trabajo bien si no cuentan con los recursos necesarios. Por eso, creo que más allá del rol fundamental de los docentes en el aula, no podemos desentendernos del papel esencial que las autoridades de los ministerios de educación juegan en este proceso.

En muchos casos, no tenemos la suerte de que la evidencia sobre cómo mejorar algo esté disponible. En el caso de cómo mejorar la lectoescritura, la evidencia ya existe. Creo que los ministerios juegan un rol fundamental en promover esas prácticas y apoyar a los maestros para que puedan implementarlas. Hacer eso no implica dejar de admitir que hay muchos otros factores que afectan la capacidad de aprender. Sí, necesitamos asegurar que todos los chicos tengan las mismas oportunidades, que no sufran situaciones de pobreza, que tengan la nutrición adecuada y los entornos propicios para poder aprender. Pero eso no quiere decir que no podamos fomentar métodos pedagógicos eficaces solo porque hay otros factores importantes. Tampoco quiere decir que no se pueda poner el foco político en la mejora del aprendizaje de la lectoescritura, algo poco visto en nuestras discusiones sobre educación.

La perspectiva de que no podemos focalizarnos en mejorar la capacidad de leer y escribir porque los chicos sufren limitaciones mucho más estructurales es errónea y, de hecho, alimenta un círculo vicioso: si no hacemos todo lo posible por mejorar la lectoescritura temprana, estaremos condenando a los chicos de varias generaciones a una vida de pobreza, limitaciones y falta de oportunidades. Cuanto más esperemos, más difícil será anular esa condena.


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Martín De Simone

Martín E. De Simone (@desimonemartin) es Master en Políticas Públicas por la Universidad de Princeton, donde también tiene una especialización en Desarrollo internacional, y licenciado en Ciencia Política por la Universidad de San Andrés. Martín se especializa en políticas de desarrollo humano, de educación y contra la violencia. Actualmente, es especialista en educación en el Banco Mundial, donde trabaja en diseño, implementación y evaluación de proyectos educativos en África Sub-Sahariana y en análisis de temas educativos y de capital humano a nivel global. Antes de unirse al Banco Mundial, Martín trabajó para varios gobiernos, think tanks y organizaciones de la sociedad civil en la intersección entre desarrollo humano, educación y violencia, así como en reformas institucionales, tanto en Argentina como en Europa, Africa y America Latina. Martín fue Director de Articulación Educativa de la Seguridad en el gobierno argentino, donde lideró varios programas en coordinación con universidades nacionales. Es también miembro del Centro de Desarrollo Humano de la Universidad de San Andres y del Centro de Políticas Estratégicas y Asuntos Globales de la misma institución. Martin es además co-fundador y director de Abro Hilo, una iniciativa para fomentar el debate sobre temas estratégicos para el desarrollo de Argentina.

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