Minería en Argentina: dos miradas contrapuestas

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Recientemente, los debates en la Legislatura de Chubut y las distintas protestas de ciudadanos pusieron el foco en la actividad minera. Medios nacionales se hicieron eco de las disputas políticas al interior del gobierno de Mariano Arcioni, aliado del Frente de Todos, y los conflictos de diversos sectores de la sociedad chubutense frente a la decisión del Ejecutivo provincial.

Sin embargo, la temática rápidamente ha sido desplazada del centro de la agenda política. Así, como ocurre en diversos casos, la situación minera continúa paralizada y no se consigue generar cambios. Si bien es compleja y tiene múltiples aristas, en el presente trabajo, se intentará abordar la problemática desde una perspectiva neutral.

Antes de continuar, es relevante plantearse: ¿qué es la minería? Una definición sostiene que “es una actividad económica que permite la explotación y extracción de los minerales que se han acumulado en el suelo y subsuelo en forma de yacimientos. La minería forma parte de las actividades económicas del sector primario, por ello su desarrollo es de gran importancia en el sector industrial y económico de un país o región. La minería es una de las actividades más antiguas que ha realizado el ser humano”.

Pensando específicamente en el caso argentino,se debe tener en cuenta que nuestro país posee vastos recursos mineros, particularmente oro, litio, cobre, plata, zinc, plomo y molibdeno. El caso del litio es relevante ya que se trata de un insumo muy requerido por parte de la industria tecnológica y Argentina posee la tercera mayor reserva a nivel mundial.

Los mayores emprendimientos mineros son Chinchillas-Pirquitas, Mina Aguilar, Olaroz, Féniz, Farallón Negro y Veladero, los primeros tres localizados en Jujuy, el cuarto y quinto en Catamarca y el último en San Juan. En todos los casos, las compañías que los llevan adelante son extranjeras.

Los datos muestran que la actividad minera es un importante componente de la economía nacional.egún datos oficiales, la minería representó, en promedio, en los últimos años el 1% del Producto Bruto Interno (PBI), 42 mil puestos de trabajo directos en empresas registradas y el 5% promedio de las exportaciones totales de la República Argentina.

Aunque no parezca demasiado, es clave recordar que el sector minero tiene su primacía en las provincias del noroeste y Patagonia, que son las menos pobladas y con un PBI más pequeño, por lo que el impacto relativo del sector minero es mucho mayor en dichas latitudes.

Este es el principal argumento que esgrimen las organizaciones defensoras de la minería: el sector permite generar inversiones y dinamismo económico en regiones muchas veces alejadas de los grandes centros urbanos, que de otro modo verían muy difícil su inserción productiva.

Los datos que brindan las organizaciones para oponerse a la minería son igual de contundentes: por ejemplo, daña la superficie de la tierra, contamina el aire, las aguas superficiales y acuíferos, impacta sobre la flora y fauna del lugar donde se sitúa el yacimiento, ocasiona perjuicios a las comunidades locales y genera cambios permanentes en el paisaje.

Uno de los principales riesgos de la actividad es el derrame de sustancias extremadamente tóxicas a los cursos de agua: en el año 2000, las localidades peruanas de Magdalena, San Sebastián de Choropampa y San Juan, fueron afectadas por un derrame de mercurio de un emprendimiento minero. Se volcaron 11 litros que intoxicaron a 1200 personas, en un radio de por lo menos 50 kilómetros a la redonda.

Así expresados, los argumentos parecen ser sorprendentemente simples. Aunque, como ocurre en la mayoría de las temáticas que parten aguas en la sociedad, la realidad es mucho más compleja: lo más importante es que se trata de argentinos que habitan y aman el lugar en el que viven. En este sentido, es interesante recoger sus testimonios. Silvina Lefimi es una de las 600 personas que residen en la localidad de Gastre, al norte de Chubut. Antes de continuar, debe destacarse el dato de que su población es el equivalente a los habitantes de media) manzana de la Ciudad de Buenos Aires. Silvia, en su testimonio, afirma que la localidad se merece el desarrollo que considera le otorgará la actividad minera. Siendo parte de una familia de 9 hermanos, tuvo que emigrar a Trelew para poder tener más oportunidades laborales, volviendo a su localidad natal con 3 hijos, donde vive actualmente.

Ella es contundente: “[l]os que se oponen al desarrollo minero no dimensionan lo difícil que es cuando uno está enfermo tener que hacer 400 kilómetros para llegar al centro hospitalario donde uno se pueda atender”.

Silvia concluye: “[p]ediría que nos den esa gran oportunidad que nos merecemos. Aunque seamos pocos somos personas con muchos sueños. Queremos que nuestros lugares se puedan desarrollar. Nuestro apoyo a la minería busca que podamos tener mejores oportunidades de educación, salud, que es tan difícil y que a veces la gente no lo tiene en cuenta”.

Sin embargo, los argumentos de quienes se oponen al proyecto no son solamente ambientales, de por sí relevantes. Pablo Palicio Lada, en el portal Canal Abierto, afirma: “[h]ay por lo menos quince comunidades originarias reconocidas que están en el área incluida en la zonificación, a las que no se les hizo la consulta previa, libre e informada que debe ser anterior a la presentación de cualquier proyecto de ley, no posterior. Ahí tenemos una ilegalidad de rango constitucional y se violan acuerdos supranacionales como el Convenio 169 de la OIT”.

Pablo es firme en sus argumentos: “[e]ste proyecto está hecho a medida de Panamerican Silver, la minera canadiense propietaria del proyecto Navidad, que ha tomado el rol de estado paralelo en la zona de la meseta, la zona de los grandes yacimientos. Pero también abre la puerta a la minería del uranio, mucho más grave. La zonificación es un eufemismo para permitir la apertura minera”.

Si bien la problemática es mucho más compleja, con estos dos testimonios se pueden apreciar los argumentos clave de las posturas tanto a favor como en contra de la minería. Son personas comunes, ciudadanos, que aman los lugares donde viven y desde sus prismas diferentes toman una posición.

Cabe destacar que esto se suma a la delicada situación económica de nuestro país, que lleva muchos años, y a una sociedad polarizada que hace muy difícil los acuerdos políticos para construir un futuro de desarrollo consensuado para la Argentina.

Sin dudas, la situación en Chubut será caja de resonancia de una actividad que genera detractores y simpatizantes por igual. La decisión que finalmente se tome podría significar un freno a los proyectos mineros o una punta de lanza para replicarlos en el futuro en otras geografías.


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Brian Zini

Brian Zini es estudiante avanzado de Relaciones Internacionales becado por la Universidad Torcuato di Tella. Actualmente se desempeña como voluntario de Asuntos Públicos en el Centro de Implementación de Políticas Publicas para la Equidad y el Desarrollo (CIPPEC).

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