El presente y futuro de Argentina: entrevista a Julia Pomares

Compartir

Julia Pomares es, desde mayo de 2021, Jefa de Asesores del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Entre 2015 y 2021 se desempeñó como directora ejecutiva de CIPPEC, tras haber sido Directora de Instituciones Políticas en esa institución. En 2018 fue co-directora del T20, la red de centros de política pública del G20. Julia coordinó y asesoró iniciativas de calidad institucional y gobernabilidad en varios países. Es Doctora en Ciencia Política por la London School of Economics y politóloga (UBA). Es miembro de la iniciativa de Soluciones Globales (Berlín). En esta ocasión, conversó con Martín De Simone sobre el presente y el futuro de la Argentina, para el ciclo de entrevistas de Abro Hilo.


Martín De Simone (MDS): Hola Julia, es un gusto para nosotros conversar con vos. Vamos a dividir la entrevista en tres secciones. Empecemos hablando de instituciones políticas y de la situación global. Cada vez más gente en el mundo tiene la posibilidad de votar, pero al mismo tiempo la confianza en las instituciones y los gobiernos viene cayendo y tenemos una situación de polarización que aumenta en muchos países del mundo, tanto desarrollados como en desarrollo. El avance de la tecnología, si bien trae muchas posibilidades, también acarrea un incremento de las desigualdades, desplaza los trabajos y polariza los mercados laborales. Además, tenemos las redes sociales que crean eco-cámaras y reproducen esta polarización. ¿Qué consecuencias creés que trae todo esto para los sistemas políticos?

Julia Pomares (JP): Lo primero que diría es que me parece que toda esa clarísima radiografía que hacés habla de la situación pre-pandemia y hay un primer interrogante que es qué va a ocurrir luego de este gran hito, esta gran disrupción en la historia que representa la pandemia. Esta pandemia tiene algo muy excepcional: el hecho de que se hayan parado las escuelas y los trabajos en el mundo casi de manera simultánea. Una disrupción fenomenal en muchos sentidos, cuyos efectos no podemos dilucidar todavía. Sí creo que a dieciocho meses desde que empezó la pandemia empezamos a ver algunos signos. Recuerdo algunas visiones optimistas que había al inicio, en abril de 2020, de que la pandemia iba a implicar un momento de transformación de la política, porque iba a llevar a reacomodamientos institucionales. Imaginábamos, por ejemplo, que la coordinación de las instituciones globales iba a ser clave. Y, finalmente, vimos que hubo más coordinación en el sistema científico y en el mundo privado, con la producción de vacunas, que en los organismos multilaterales. También creo que había cierta mirada optimista de aquel momento relacionada con la recuperación de la política. Porque de repente la política tomó el centro de la escena. Los gobiernos te dicen esto es lo que tenés que hacer, te traen la vacuna, te salvan la vida. De repente, los gobiernos y la política tuvieron un momento de recuperar el protagonismo que, con el poder cada vez más distribuido en términos de corporaciones y con su “hibridización”, habían perdido. En esos primeros meses las encuestas mostraban que subía la confianza en las instituciones y en los líderes políticos. Y las imágenes positivas de los oficialismos estaban en alza. Hoy los números de varias de las encuestas globales muestran que la confianza no solo bajó de manera significativa, sino que se desplomó. 

Luego de ese optimismo, hoy estamos con una sensación de oscuridad, preguntándonos cuándo vamos a salir de esto y qué es lo que vislumbramos a la salida del túnel. Creo que, en ese sentido, la transformación para la política es un gran interrogante: qué va a ocurrir con todas estas tendencias que vos decías. Si se van a seguir profundizando lo si algunas van a ver un recorrido distinto. Creo, por ejemplo, que esa ilusión sobre lo que puede hacer la tecnología en las sociedades es un poco desmedida. Creo que volvemos a darnos cuenta que hay ciertas habilidades y cualidades de los liderazgos de la política tradicional que vuelven a mostrar que son irreemplazables y que, me animo a decir, son cada vez más sofisticados o tienen que volverse cada vez más sofisticados. Porque tienen que lidiar cada vez con más competencia y también con más presión de cómo combinar habilidades muy distintas. Así que yo creo que es un enorme desafío para las dirigencias, no solo políticas, sino también empresariales, sindicales y demás. Pero bueno, la política siempre tiene la primera responsabilidad. Creo que no hay tampoco que quedarse cómodos, porque me parece que la transformación, aunque sea silenciosa, va a ser importante, sobre todo con todas estas tendencias que vos marcabas. 

MDS: Tengo la impresión de que ese optimismo inicial y también ese rol de los gobiernos y el alza en la confianza al principio tenían que ver mucho con la expectativa de que tal vez esto iba a durar un par de meses y después se extendió mucho más, ¿no?

JP: Sí, es interesante que al principio la mayor discusión era sobre la forma de la letra en que se iba a producir la recuperación económica. Todos los economistas jugaban a la sopa de letras. Sabemos que no será lo mismo para América Latina, pero en Estados Unidos la recuperación fue mucho más rápida de lo que muchas de esas letras imaginaban. Y ahora la discusión en Estados Unidos, que me deja perpleja mirando desde la Argentina en la situación en la que estamos, es qué hacer con los tantos empleos que la gente no quiere tomar y con salarios que la gente no quiere aceptar. Mirando Estados Unidos, la gran incógnita es, con esta recuperación rápida de su economía, con un importante impulso hacia la infraestructura verde que está planteando la administración de Biden y con el movimiento hacia mayor regulación de las tecnológicas, qué impactos va a tener en las formas de hacer política de la dirigencia tradicional. 

MDS: Julia, continuando con este bloque de instituciones políticas, hay tres elementos que vos siempre resaltás y que me parece que constituyen claros desafíos de las instituciones de nuestro país, por lo cual me gustaría preguntarte uno por uno, el primero es el federalismo. Argentina es un país federal, pero existe una gran concentración en la región Metropolitana y en Buenos Aires y hay muchas desigualdades regionales. ¿A qué se deben estas desigualdades y esa concentración y qué creés que se podría hacer para comenzar a abordarlas de alguna manera?

JP: Sí, coincido en que lo hayas puesto como el primer punto. Para mí es una de las grandes asignaturas pendientes de la discusión pública y, en general, me parece que, más allá de la discusión académica sobre la atrofia en términos de la sobre-representación y su contracara de federalismo fiscal por el desbalance vertical, hay muy poca discusión pública sobre cómo funciona el federalismo en términos de provisión de bienes públicos. Me parece que eso está bastante invisibilizado o dado por sentado. Tampoco la pandemia lo puso sobre el tapete pese a las dificultades de coordinación en la gestión y en los sistemas de información. No termino de entender bien por qué. Todas las sociedades tienen temas tabú: cada uno los suyos y que en muchos casos no varían a lo largo del tiempo. Se mantienen intactos. De eso no se habla. Pero las asimetrías regionales y la atrofia en términos de cómo se distribuye la población son clave, y esto también tiene que ver con el modelo productivo que tenemos hace décadas. Creo que estas características fueron acentuándose en los últimos años. Sobre todo con el crecimiento poblacional del conurbano, porque en algunos indicadores las distancias entre los distritos más ricos y los más pobres cada vez se amplían más. Sin embargo, la discusión en términos de las instituciones y sobre cómo diseñamos esas instituciones federales está casi congelada, en pausa. 

En uno de mis primeros viajes por trabajo me invitó una organización que se llama “Forum of Federations”, que tiene base en Canadá, que busca impulsar la discusión del federalismo. Son pocos los países federales en el mundo (algo más del 10% de los países, dependiendo de cómo se lo defina), pero son de los más grandes, por lo cual el porcentaje de la población viviendo en países federales es mucho mayor al porcentaje de países con sistemas federales (se estima alrededor del 40%). En ese viaje éramos veinte jóvenes profesionales de distintos países federales como India, Bélgica, Estados Unidos, Nigeria, Brasil y Argentina. Fue un viaje de estudio de dos semanas entre Estados Unidos, Canadá y Bélgica. Y a mí Canadá me resultó muy llamativo, porque es un país donde se discute mucho el federalismo, está muy presente en la discusión pública. ¡Hay chistes en los diarios sobre el federalismo! Bastante distinto que en Argentina. Había una discusión enorme, hace 20 años, sobre cómo mejorar el diseño de los mecanismos de coordinación del federalismo, los consejos federales y las distintas herramientas que ellos tienen para sentar en la misma mesa a los ministros de la misma cartera en cada provincia. Y cómo hacer para lograr mayor coordinación y eficacia en la provisión de algunos bienes públicos, que es siempre el desafío de los sistemas federales. En ese momento yo recién empezaba mi carrera profesional y miraba cómo funcionaban los consejos federales, como el de educación, por ejemplo. Tiene mucha historia, pero si uno mira hoy cómo funcionan esos consejos federales, hay pocas diferencias. Cada vez hay más consejos pero eso no significa que cada vez haya mayor coordinación en la política, al contrario. 

MDS: Al contrario, cada vez hay mayor fragmentación.

JP: Exacto, cada vez mayor fragmentación de la política pública. Hay un tema central en la coordinación: la coordinación de las bases de datos, que siempre es un desafío muy grande en cualquier sistema federal. En Argentina sigue siendo un problema enorme y lo vimos en la pandemia. Entonces me parece que hay que pensar cómo innovar en las instituciones federales. Es un tema que tiene que estar en la agenda. Cómo innovar de manera bastante disruptiva, creo que hay que ser audaces en eso, pensar muy distinto. 

La segunda cosa que creo que sigue siendo un desafío y cada vez mayor es el tema de armonización, la nivelación, cómo equilibrar las diferencias. Ahí también creo que hemos logrado muy poco. Y probablemente la pandemia, por ejemplo, en el ámbito educativo, deje una brecha mayor a la que ya existía. Entonces, ¿cómo hacer para asegurar umbrales mínimos de provisión de servicios y además de acceso a bienes públicos en todos los distritos? Obviamente sabiendo que hay diferencias, pero aunque la discusión sea bastante tabú, hay que darla. El Estado nacional tiene que poder garantizar pisos mínimos, establecer regulaciones de umbrales mínimos de algunos servicios, no solo en lo que hace a la transferencia de recursos. Sin desconocer que el Estado argentino es bastante diverso y se constituyó a partir de la unión de sus partes. Pero creo que hay que poner en discusión la necesidad de umbrales mínimos, empezando por la ciudadanía electoral y los derechos políticos. Vos podés votar a los 16 años a Gobernador en San Juan pero en Corrientes tenés que esperar a los 18. La autonomía en los sistemas electorales tiene un valor importante en nuestro federalismo, pero creo que hay ciertos umbrales mínimos, desde lo relativo a la ciudadanía electoral hasta la provisión de bienes públicos, que hay que sentar. No puede ser que la primera infancia y lo que aprende  una niña de 4 años y los servicios que recibe tengan tanta divergencia entre Río Negro y Córdoba. Desde mi punto de vista, eso requiere una transformación profunda.

MDS: Sobre todo porque esas desigualdades, tanto en educación como en salud, después se transmiten intergeneracionalmente y se multiplican. El segundo tema es el del financiamiento de elecciones. Como sabemos, en general, en Argentina, las contribuciones suelen ser, en su mayor parte, en efectivo y eso trae muchos problemas. ¿Podés ofrecernos una breve descripción de cómo se financian las elecciones en el país y cómo podemos minimizar los problemas? 

JP: Sí, creo que el problema de que las elecciones se financien en efectivo ahora tiene un cambio positivo, ya que desde la ley del 2019 legalmente eso no se puede. Eso no es menor, es algo que seguí muy de cerca porque CIPPEC junto a otras organizaciones de la sociedad civil fue uno de los impulsores de esa discusión. Que no sea posible algo que era poco común en el mundo: que la ley te habilite a que una campaña sea 100 por ciento financiada en efectivo. Ahora, obviamente hay que pasar de la letra a la realidad, que siempre es lo más difícil. Los problemas de financiamiento existen en todos lados. La relación entre la democracia y el dinero es de las más difíciles (¡hablando de tabús!). Cada país encuentra su propia ecuación; su manera de determinar cuánto el sistema privado puede financiar. Hay países en donde hay muchísimo dinero y obviamente tiene que ver bastante con el desarrollo de un país. Y creo que en esa ecuación que varía entre países, lo que no se puede es querer tener un sistema mayoritariamente público y pensar que el dinero privado no va a fluir y hacer como que eso no existe. Creo que el problema mayor que tiene la Argentina es el “enforcement”. Si vos querés un sistema en el cual hay una parte importante que es financiamiento público, porque vos querés achicar la proporción de financiamiento privado (completamente distinto al sistema de Estados Unidos, donde se deja que el dinero fluya y le ponés ciertos  diques que el dinero privado no debe pasar), si querés ir a un sistema más público, necesitas un sistema de cumplimiento que haga que las previsiones se cumplan. 

MDS: También me interesaría charlar sobre el modo en el que hacemos y pensamos políticas públicas en Argentina, pensando en todas las etapas, desde el diseño hasta la implementación, la evaluación y los desafíos que eso trae para nuestro país. La falta de cultura de una evaluación y las capacidades del sector público. ¿Cuáles dirías que son las prioridades y cómo avanzar con esas prioridades?

JP:  Me parece que hubo algo interesante al comienzo de la pandemia, como para pensar ahora que ya transcurrieron tantos meses. Al principio estaba esta idea de que la evidencia podía tener más visibilidad en la discusión pública a partir de la pandemia. Con esto de que vemos a médicos o asesores científicos en conferencias de prensa, hablando del “R” y de otros indicadores, cosa que no nos hubiéramos imaginado que iba a ocurrir antes de la pandemia,  justo en el auge de las fake news y las teorías negacionistas. Me parece que implicó cierta ejercitación, desde distintos sectores. También aparecieron muy fuertemente las falencias, por ejemplo en el periodismo de investigación. Fue llamativo que estudiantes o académicos que están en sus computadoras personales, en sus casas, terminen mostrándote más falencias de los datos públicos que el periodismo o la sociedad civil. Y pienso, por ejemplo, en el enorme trabajo que hicieron Federico Tiberti y Mauro Infantino por hacer más accesibles los datos públicos y mostrar las falencias de estos sistemas. Me parece que lo interesante fue que saliera de ahí. En el caso de la Ciudad de Buenos Aires, donde ahora tengo el honor de ser parte del gobierno y ver todo muy de cerca, en su modelo de gestión está muy presente la necesidad de buscar evidencia para las decisiones que toma y la pandemia le dio la posibilidad de poner eso en valor. Me parece que esto es algo positivo a jerarquizar, y ojalá contribuya a que crezca el rol de la evidencia en la política pública. También me parece interesante que en esta pandemia vimos el “lado B” del uso de la evidencia: cuando la evidencia se usa de la manera que más te gusta para reforzar tus ideas políticas o tus prejuicios. 

MDS: Primero tenés tu conclusión y después usas la evidencia que se adapte a esa conclusión. 

JP: Claro, y me parece interesante lo que ocurrió con el cierre tan prolongado de escuelas. Había datos muy claros desde el comienzo de la pandemia del enorme costo que tenía el cierre prolongado, de lo que implicaba, no sólo en términos del corto plazo, sino de largo plazo. Y, ahí, la verdad que me frustra mucho pensar que igual hemos tenido tanto tiempo las escuelas cerradas en Argentina, que fue tan difícil dar esa discusión y que aún hoy, hay ciudades, provincias en Argentina con poca presencialidad. Más allá de que después está la polarización, está la disputa política, me hubiera imaginado que la educación podía quedar blindada de la discusión pública polarizada. 

Con respecto a las prioridades, si yo tuviera que decirte en la lista de todas las cosas que creo que conspiran contra la posibilidad de tener un diseño de política pública y una implementación de  de calidad en Argentina, ni te digo la evaluación, que obviamente no la desmerezco, pero creo que si no lográs implementar bien, después ¿qué evaluás?, mi respuesta sería la muy baja estabilidad de la burocracia profesional que tiene el ejecutivo argentino, no solamente a nivel nacional, sino también en las provincias. Me parece que no se ha podido consolidar, después del comienzo de principios de los 80s con los administradores gubernamentales. Hubo algunos intentos, pero hoy vemos que el nivel de volatilidad hace muy difícil ir construyendo capacidades.

MDS: Creo que la charla me da el pie para la próxima pregunta, que es la última de este bloque, sobre la polarización en el país. ¿Cómo la ves, sobre todo en comparación con otros países? ¿Cómo ves que puede evolucionar? 

JP:  Yo creo que si bien tenemos un sistema polarizado, la polarización no tiene los niveles que presenta en otros países, sobre todo en comparación con un caso bastante extremo, el de Estados Unidos en los últimos años. No creo que sea una polarización identitaria, no creo que haya calado así en la ciudadanía. Sigue habiendo un porcentaje importante del electorado que no se ubica de un lado u otro de la grieta. Y creo que, en general, sí hay una polarización en la discusión pública y eso conspira muchas veces contra la política pública, la posibilidad de tener un desarrollo sostenido en el tiempo. Creo que el problema de la volatilidad de nuestra política pública, de ir dando esos bandazos de un lado al otro, es anterior a estos niveles de polarización. Muchas veces lleva a decisiones bastante malas en términos de política pública y, sobre todo, de lo que está en la agenda legislativa. Creo que en un contexto de tanto malestar social como estamos viviendo hoy, ese crispamiento de la sociedad no es conducente a generar un desarrollo sostenible en el tiempo.

MDS: Bueno, ya que decís desarrollo sostenible, el segundo bloque de esta conversación es sobre desarrollo. Últimamente, venís hablando mucho de la necesidad de tener una narrativa para el futuro del país. ¿A qué te referís?

JP: Me refiero a algo que existió siempre (¡y que se puso de moda en los últimos años con el furor por el “storytelling”!). Para los seres humanos, contar historias es constitutivo, es algo universal. Me encanta esa frase de Isak Dinesen, que cita Hannah Arendt en uno de sus libros: “Todas las penas se pueden sobrellevar si escribes una historia sobre ellas”. Es la manera que tenemos de ser humanos, de contarnos historias y darle un sentido narrativo a lo que nos ocurre. Siempre las sociedades tienen narrativas, historias que les dan identidad, pero que también los movilizan hacia adelante. Las que lo logran te hacen sentir parte de algo que te lleva, que te transporta hacia la acción. Creo que la Argentina tiene un profundo problema hoy con su narrativa. Diría que, para mí, es un problema muchísimo más hondo que el problema de la política pública, de lo que veníamos hablando antes. Y es qué elementos de nuestra identidad hoy reflejan la Argentina de hoy y no son la identidad del pasado, no es lo que alguna vez fuimos o lo que creímos que fuimos, como la idea de ser un país de clase media. Nos identificamos con esa narrativa. Bueno, hoy está cayéndose a pedazos eso y me parece que estar tan aferrados a narrativas del pasado nos impide tener una esperanza de salir de esta situación y sentir que podemos encarar un cambio o una transformación hacia adelante. Creo que ese es el gran desafío, creo que es lo que hay que construir. Se construyen desde las dirigencias porque los liderazgos tienen el rol central de ser los narradores, más que los portadores de narrativas, pero que también tiene que ver con una época y con cómo se interpreta esa época y cómo la sociedad va encontrando nuevas maneras de contarse a sí misma. Y es un enorme desafío construir narrativas en una época de tanta incertidumbre y transformación. Te diría que es de las cosas que más me obsesionan en la vida y por eso tomé la decisión de sumarme al equipo de Horacio Rodríguez Larreta, para contribuir en ese camino. Confío en que los argentinos vuelvan a enamorarse de su país y lo podamos transformar. 

MDS: Como sabemos, Argentina viene de años de estancamiento económico y necesita encarar un proceso de desarrollo productivo. ¿Cuáles dirías que son los pilares de ese proceso y por dónde pensás que debería encararse?

JP: Bueno, hablando de las narrativas, creo que hay dos que son muy disfuncionales para hacer ese camino. Una es la narrativa de la falsa antinomia entre el campo y la industria. Ya es tan del pasado, que hasta creo que no entraría mucho en eso, pero lamentablemente permea bastante la discusión pública a través de los imaginarios. Creo que hay que transformar esa narrativa y pensar en poblar de iniciativas productivas a todo el país y en su inserción internacional. Imaginar al país en su totalidad y no solo en tal o cual región, sino en la diversificación de la matriz productiva que la Argentina necesita, sin creer que tal o cual sector nos va a salvar. 

La otra narrativa que creo se volvió muy perniciosa para el desarrollo productivo de Argentina es la del sector público versus el sector privado en términos de sus roles para impulsar el desarrollo. Me parece que esta idea de castigar al empresario por el simple hecho de que es empresario es muy anti-capitalista. Esta narrativa es muy negativa para el desarrollo productivo. Pensar que, en realidad, lo que tenemos que buscar son las sinergias entre la inversión pública y la privada, obviamente aumentando la inversión privada y la inversión en I+D del sector privado, que es muy baja en Argentina (alrededor del 0,2% del PBI), implica pensar esa relación público-privada de una manera muy diferente. Después podemos discutir cuáles son los sectores más dinámicos, cómo hacemos para potenciarlos, el hidrógeno verde, todo lo que se está discutiendo hoy y dónde puede haber nuevas oportunidades para la Argentina. Pero creo que, volviendo a las narrativas, hay que pensar, imaginar distinto ese desarrollo productivo en términos de cómo nos imaginamos el rol del sector privado y el rol de cada sector productivo para poder dar los pasos que hay que dar.

MDS: ¿Y cómo ves el rol de la tecnología en ese proceso de desarrollo productivo?

JP: Me parece central. En el sector de ciencia y tecnología Argentina tiene una posibilidad importante. Es un sector que es competitivo, que puede tener un rol mucho mayor y donde la sinergia entre el sector público y privado puede ser muy importante, no sólo específicamente por el sector de la economía basada en el conocimiento, sino también porque es transversal y hoy permea toda la cadena de valor y todos los sectores. Es transversal a todo el desarrollo productivo, y también al Estado, que tendría que incorporar tecnología para proveer también mejores bienes públicos y ser socio del sector privado. 

MDS: ¿Y cómo ves la posibilidad de formar una coalición política, tanto alguna que pueda existir hoy mismo o alguna coalición política potencial con diferentes actores que pueda apoyar este proceso de desarrollo productivo? Porque, en muchos casos, el problema no es que no exista esa potencial vía de desarrollo, sino que no logramos consensuar entre los diferentes actores para lograrlo.

JP: Sí, yo creo que hay espacio y que se puede lograr una coalición “pro exportadora” que al mismo tiempo permita la prosperidad interna, pero también la posibilidad de exportar cada vez más y tener una economía con mayor peso de los bienes y servicios exportables. Requiere de acuerdos amplios porque el camino hacia allí requiere importantes transformaciones y que llevan tiempo. 

MDS: Bueno, pasamos al tercer bloque y tengo una sola pregunta que es un poco más coyuntural: ¿qué se juega en la elección de noviembre?

JP: Es una elección legislativa; es la primera de este gobierno y siempre esas primeras elecciones son muy importantes. Al kirchnerismo generalmente no le ha ido bien en las intermedias y eso siempre generó reacomodamientos, Y es importante sobre todo luego del resultado de las PASO. Si esta elección era una evaluación de la gestión del gobierno, no  pasó el test. Y más allá de eso, si estos resultados se repitieran podríamos presenciar un cambio de fuerzas histórico: es posible que el peronismo pierda el quórum propio en el Senado, que mantiene desde el regreso a la democracia. El oficialismo seguiría siendo la primera minoría en ambas cámaras pero la política legislativa tendrá que ser más negociada. Después creo que hay una importancia que tiene esta elección que es una elección en pandemia y que hay un nivel de malestar social y de frustración muy importante. Los niveles de participación electoral fueron significativos, pese a la baja (en más del 60% de los países que hubo elecciones en pandemia la participación descendió). Creo que fue algo muy importante para que se pueda canalizar ese malestar de alguna manera y tener ese canal para que la ciudadanía pueda expresarse en las urnas. Me parece central hacer un esfuerzo muy grande por incentivar aún más la participación electoral para noviembre y confirmar ese resultado. 

MDS: Excelente. Nos acercamos a los 40 años de democracia: ¿cuáles crees que son los desafíos políticos que tenemos en la próxima década? 

JP: Creo que hay un desafío muy importante que tiene que ver con cómo se hace política para involucrar a las nuevas generaciones, a los jóvenes, en el desarrollo productivo y en la sociedad de los próximos años. Y de la actualidad también. Desde los impactos en términos de salud mental hasta los impactos en el empleo (Argentina tiene uno de los niveles de desempleo juvenil más altos de América Latina). Me parece que lograr que los jóvenes y, sobre todo los más jóvenes, se sientan parte de esta sociedad, no solamente por los que tienen la posibilidad de irse a vivir a otro país, porque vos podés estar en tu país y no sentirte parte de la sociedad, sea en el nivel socioeconómico en el que estés y las posibilidades que tengas, es importante. Ese desafío de la política es central y creo que también involucra la pregunta anterior sobre las elecciones de este año. Lograr conectarse con ellos y ellas y poder hacerlos parte me parece central. Y, después, más allá de a quién le habla e interpela la política, creo que hay un desafío respecto a lo que te decía antes que es ofrecerle nuevas narrativas a la Argentina, nuevas maneras de pensar este país, que nos ilusione, que nos haga sentir parte de un proyecto hacia adelante, no hacia atrás. Me parece que, después de tantas caídas, ese deterioro y esa sensación decadentista, es muy difícil, pero es nuestro mayor desafío. 

MDS: Julia, creo que por nuestra parte eso es todo, excepto que quieras agregar algo que no te haya preguntado. Gracias de nuevo por cerrar este ciclo de entrevistas.

JP: Está buenísimo lo que hacen desde Abro Hilo. Felicitaciones, le dieron un aire fresco a la discusión pública. ¡Sigan así!


Compartir

Martín De Simone

Martín E. De Simone (@desimonemartin) es Master en Políticas Públicas por la Universidad de Princeton, donde también tiene una especialización en Desarrollo internacional, y licenciado en Ciencia Política por la Universidad de San Andrés. Martín se especializa en políticas de desarrollo humano, de educación y contra la violencia. Actualmente, es especialista en educación en el Banco Mundial, donde trabaja en diseño, implementación y evaluación de proyectos educativos en África Sub-Sahariana y en análisis de temas educativos y de capital humano a nivel global. Antes de unirse al Banco Mundial, Martín trabajó para varios gobiernos, think tanks y organizaciones de la sociedad civil en la intersección entre desarrollo humano, educación y violencia, así como en reformas institucionales, tanto en Argentina como en Europa, Africa y America Latina. Martín fue Director de Articulación Educativa de la Seguridad en el gobierno argentino, donde lideró varios programas en coordinación con universidades nacionales. Es también miembro del Centro de Desarrollo Humano de la Universidad de San Andres y del Centro de Políticas Estratégicas y Asuntos Globales de la misma institución. Martin es además co-fundador y director de Abro Hilo, una iniciativa para fomentar el debate sobre temas estratégicos para el desarrollo de Argentina.

Compartí:

Share on facebook
Share on twitter
Share on pinterest
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on telegram

Articulos relacionados

Share on facebook
Share on twitter
Share on email
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on telegram