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La mayoría de los ciudadanos de los 25 países encuestados por Ipsos, en su plataforma en línea Global Advisor, expresan sentimientos de alienación y desafección personal y colectiva cuando piensan en su país. La falta de confianza en el sistema democrático y la arquitectura institucional es profunda y transversal. La encuesta reciente, que abarca a más de 19.000 adultos, encuentra percepciones de un sistema político y económico quebrado. Un sistema roto que prevalece en la mayoría de los países, a menudo acompañado de sentimientos populistas y anti-élite, y puntos de vista nativistas (xenófobos) y ultranacionalistas.

En promedio, el 56% está de acuerdo en que la sociedad de su país está rota y el 57% está de acuerdo en que su país está en declive. Para comprender completamente la relevancia de la desafección social y política, Ipsos diseñó el índice “El sistema está roto”, basado en el nivel de acuerdo con cinco afirmaciones:

  • “La economía está amañada para favorecer a los ricos y poderosos” (un promedio de 71% está de acuerdo en los 25 países encuestados),
  • “A los partidos y políticos tradicionales no les importa la gente ‘como yo'” (68%),
  • “Los expertos locales no comprenden la vida de personas ‘como yo'” (65%),
  • El país “necesita un líder fuerte para recuperar el país de los ricos y poderosos” (64%), y
  • “Para arreglar” el país, “necesitamos un líder fuerte dispuesto a romper las reglas” (44%).

Ipsos también descubrió que este índice está altamente correlacionado con el índice de progreso social, un indicador basado en resultados de qué tan bien se satisfacen las necesidades sociales y ambientales de los ciudadanos, y el índice de percepción de la corrupción de Transparencia Internacional.

Los cuatro países con los niveles más altos de percepción se encuentran todos en América Latina: Colombia, Perú, Brasil y Chile. En Argentina, el 68% de los encuestados señalan que el país está atravesando un declive. Este porcentaje la coloca entre los países que peor perciben la situación actual de su propia nación, junto con Chile, Brasil y Sudáfrica.

En este contexto, la presencia de outsiders en toda la región no sorprende y no para de crecer. Los datos de las encuestas muestran un descontento generalizado con la política en general que afecta -incluso- a la confianza en el propio sistema demorático. Las encuestas electorales muestran que crecen las opciones como “voto en blanco”, “no sabe” o “no voy a votar”, como afirma el colectivo Abro Hilo: “hay una percepción negativa tanto en retrospectiva como a futuro, por lo que ninguna fuerza terminar de canalizar ese descontento”.

La ruptura generacional: el caso chileno

Chile está resolviendo esta grieta de un sistema roto con un recambio generacional profundo en casi todos sus niveles políticos. En las primarias presidenciales de julio de este año, salieron electos dos candidatos menores de 45 años, Gabriel Boric (35) y Sebastián Sichel (44). Es la primera vez en la historia de la democracia chilena que hay candidatos a la presidencia que aún no habían nacido cuando se produjo el golpe de Estado de Augusto Pinochet en 1973.

En las elecciones constituyentes de mayo, la edad promedio de los constituyentes electos fue de 44 años, una renovada generación política que hoy está redactando una nueva Constitución para el país. En las elecciones municipales, también de este año, hubo una fuerte irrupción de una nueva generación de izquierda. Entre los 13 alcaldes elegidos por el bloque Frente Amplio, la media fue de 34 años de edad. Los electores hoy también son más jóvenes. Tanto en el plebiscito de 2020 como en las primarias presidenciales, los electores menores de 50 años dispararon su tasa de participación y renovaron el padrón electoral del país. 

Pareciera ser que Chile, finalmente, está dejando atrás el orden político que predominó desde el retorno a la democracia en los 90s y que hoy está tomando mayor fuerza la renovación de sus fuerzas políticas, con la irrupción de líderes jóvenes y sin ataduras con el pasado que provocan tsunamis en el sistema de partidos y en la configuración de bloques. 

Deterioro profundo

América Latina se enfrenta a un deterioro de todos los indicadores socioeconómicos. La inestabilidad sobreviniente a la pandemia crece como preocupación de los organismos multilaterales globales y de la región. 

  1. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) describe el incremento del malestar social a partir de la pandemia, especialmente en los sectores medios. Este no solo viene de la mano de la mano de la desigualdad y los problemas económicos, sino también revela que las preocupaciones más urgentes de la ciudadanía (seguridad, gobernanza y servicios públicos) están muy por debajo de sus expectativas. Declive de la confianza interpersonal, surgimiento e intensificación de las llamadas guerras culturales como evidencia de atomización y polarización social, disminución de la confianza en los gobiernos, caída de la participación electoral y descontento social son otros de los varios fenómenos que describe el documento. 
  2. El Fondo Monetario Internacional (FMI) advierte que una nueva ola de malestar podría afectar la recuperación pos Covid. En un nuevo documento de trabajo, advierte que el malestar social impacta sobre el PIB, impulsado por fuertes contracciones en la manufactura y los servicios y el consumo. Los hallazgos también sugieren que el malestar social afecta la actividad al reducir la confianza y aumentar la incertidumbre. Previamente, el organismo había publicado otros documentos acerca de la relación directa entre las pandemias y la tensión social posterior y sobre la relación directa entre altos niveles de desigualdad y el malestar social sobreviniente a las pandemias.
  3. El Banco Mundial (BM) afirma que la pandemia de COVID-19 empujó el año pasado a 4,7 millones de personas de la clase media a la vulnerabilidad o la pobreza en América Latina y el Caribe (ALC), posiblemente revirtiendo décadas de avances sociales, de acuerdo con un nuevo informe del Banco Mundial (la clase media pasó de representar el 38% del total de la población al 35% en 2020 frente a 2019). Los países más afectados por la caída de la clase media fueron Panamá (-12 p.p.), Chile (-10 p.p.), Argentina y República Dominicana (-7 p.p.).
  4. CEPAL advierte, también, que con la pandemia las brechas estructurales aumentaron: desigualdad, pobreza, brechas de género, informalidad, baja productividad y fragmentación de los sistemas de protección social y salud. También la vulnerabilidad de los estratos de ingresos medios y el impacto en el empleo femenino, juvenil e informal.

 

La encrucijada latinoamericana 

Todos estos informes confirman la explosiva conjunción de elementos desestabilizadores con el perímetro de crisis económica, social y política en un escenario post pandemia. La región se enfrenta a una encrucijada grave a la que la política democrática debe ofrecer soluciones y canalizar un estado de ánimo desesperanzado, sin confianza en el futuro. Un futuro que ha dejado de ser un espacio seguro, prometedor y superador. 

Mientras la política busca soluciones para un sistema roto, el legado de la pandemia estimulará nuevas protestas en América Latina. El aumento de la desigualdad económica se ha sumado al descontento generalizado. La pandemia socio-política puede ser devastadora. La democracia se encuentra en quiebre, con un sistema roto, y con la protesta, para muchos sectores, como vehículo más confiable que el voto. Como decía Sófocles, cuando las horas decisivas han pasado, es inútil correr para alcanzarlas. Pues eso: horas decisivas. Luego será tarde, muy tarde.


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Antoni Gutiérrez-Rubí

Antoni es asesor de comunicación.

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